Opinión: LA ANTIPOLÍTICA DE LA EVASIÓN, Víctor Maldonado C.

Publicado en: Destacados, Opinion

A las 9:53 de la noche del pasado 7 de octubre escribí el siguiente mensaje en mi cuenta de Twitter:“Amigos. Perdimos. Una vez más fuimos superados. Tenemos que seguir luchando por un país mejor. Y exigir unidad y reconciliación. Ese es el reto”.

Quiero aludir a mis propias palabras, cuando todavía estaba impactado por los resultados, porque sigo creyendo que, pasados los días, ese continúa siendo el desafío: reconocer con toda la serenidad posible que no ganamos, pero mantener la convicción de que debemos seguir luchando por lo que todos anhelamos, y mientras tanto, abrir juego al establecimiento de aquellos consensos mínimos que resultan indispensables para no terminar pensando que todo esto no tiene sentido. Yo en lo particular pienso que hay que hacer un inmenso esfuerzo para que se nos garantice la seguridad ciudadana y los derechos de propiedad. Casualmente en esas dos condiciones se fundamentan los pactos sociales aludidos por los primeros filósofos políticos, porque si no llegas a sobrevivir o si en cualquier momento te despojan de lo tuyo, no hay vida imaginable.

Pero estos resultados que son tan tajantes y determinantes, también requieren ser analizados concienzudamente y explicados a la sociedad venezolana. No son, como la mayoría de la gente cree, producto del albur o el fraude, y solo en parte fueron el producto de la exhibición ominosa de un ventajismo oficial que nosotros no supimos descifrar a tiempo, y que luego nos hizo mucho daño. Pero, “después de ojo sacao no vale Santa Lucía”. Dar explicaciones no tiene por qué dar pie al linchamiento de nadie, pero sí a la asunción de responsabilidades sobre las decisiones que se tomaron o se omitieron, y sobre las consecuencias que estas tuvieron sobre los resultados. Y mientras más pública sea esa rendición de cuentas, mejor. Porque los silencios, los disimulos y los eufemismos solamente dan pie para que la gente se desanime o invente su propia versión de los hechos, cargados de mitos sobre fraudes y otras teorías que hacen daño a la propia condición humana y desconectan a la base de la sociedad con sus dirigentes.

La antipolítica es la sustitución de la política por situaciones y vías de hecho. Es, por tanto, renunciar al diálogo y al debate bajo supuestos, siempre forzados, de que es mejor no decir, no debatir, no consensuar, no admitir, porque cualquiera de esas posibilidades debilitaría la propia posición. Cuando se actúa así, se invoca el miedo como argumento de fuerza, y por lo tanto se practica la antipolítica. Lo digo porque hay gente interesada en decir lo contrario, o sea, que cualquier exigencia de rendir cuentas es solo aparearse con la gran estrategia del chavismo para debilitar la unidad democrática. Es lo contrario, a menos que debajo de la alfombra estemos escondiendo nuestra propia calavera autoritaria, o esos familismos tan venezolanos que igualmente son practicados por las clases más modestas y las más opulentas.

La antipolítica no es patrimonio de nadie en particular. El gobierno la administra como una de sus más conspicuas herramientas de control social. Lo que ocurrió el día de las elecciones, esa ralentización de las colas para poder votar y la exhibición ambigua de todo ese aparataje de puntos de control, captahuellas y procesos automatizados fueron efectivamente utilizados para dejar colar que “te estamos vigilando”. Vistos los resultados no hay dudas de que con algunos les sirvió. Por otra parte las amenazas de paquetazos, guerras civiles y exterminio de las misiones también aludieron al miedo, privilegiaron la antipolítica y mediatizaron la capacidad de elección de muchos venezolanos. No se puede obviar que el uso tan común de estos mecanismos nos está haciendo mucho daño y por lo tanto hay que encararlos con determinación. Si vemos del otro lado, muchas conductas sectarias, la negación del espacio histórico de muchas organizaciones, el desplante a muchas instituciones aludiendo sus “radicalismos”, todas esas conductas son parte del mismo caldo.

Por eso es que vale la pena recordar esa vieja conseja que nos advierte que no hay enemigo chiquito. Y que yo complemento con que tampoco hay aliado insignificante. Los 3.022.350 ciudadanos que sumaron voluntades en la tarjeta de la MUD y las organizaciones más pequeñas así lo indican. No es como para descartarlas, porque sin reconocimiento no hay futuro alguno. Así que a jugar más a la política y mucho menos al escamoteo, la evasión, la invocación del miedo, y en suma, a descartar la antipolítica.

victormaldonadoc@gmail.com

Twitter: @vjmc

Publicado en http://www.correodelcaroni.com

Comentarios

comments

Trackback from your site.

Hillusa - Suministros de Equipos Medicos

WEBLOCITY.COM ©1999~2013. COMO HACER DINERO EN INTERNET - GRATIS...! LOS CANALES MAS EFECTIVOS!