“Crónica de un horror aqui y ahora”. Thaelman Urgelles.

Publicado en: Opinion

Estuvimos unos días en la ciudad de Carúpano, Estado Sucre, un lugar de antigua leyenda como centro de prosperidad, por su gente emprendedora, pacífica y de trabajo. Fueron días de aprendizaje, creación y satisfacción cultural, con motivo de la presentación del reciente film de Malena Roncayolo. Pero de todo ese aspecto positivo escribiré en otra oportunidad, pues toda esa faceta del viaje quedó ensombrecida por un hecho espeluznante del que fuimos testigos y que da macabra cuenta de lo que ha devenido nuestro país en los últimos años. Porque no es Carúpano la única comunidad nacional que puede protagonizar una historia como la que relataré.

El sábado 23 de junio desapareció una niña de 12 años en El Lirio, un barrio humilde de Carúpano. El miércoles 27 -luego de 4 días de intensa búsqueda por sus familiares, vecinos y la policía- apareció asesinada por estrangulamiento, con signos de una furiosa violación. Por datos de los vecinos fue identificado rápidamente un sospechoso, de nombre Luís Cortesía, quien horas más tarde fue apresado por el CICPC en la humilde casa donde habitaba, donde fueron presuntamente halladas evidencias de su culpabilidad y al parecer confesó el crimen. Llevado a la sede del organismo, esa misma noche se agolparon vecinos enardecidos y otros curiosos frente al cuerpo policial, quienes exigían “justicia popular” contra el presunto asesino.

Entre los furiosos acechantes se comentaba que Cortesía tenía antecedentes por violación de menores, que había estado preso por el mismo delito y que había sido liberado sin cumplir su condena, como parte de las liberaciones ordenadas por la ministra Iris Varela para descongestionar las cárceles. Todo eran rumores no confirmados, mas la protesta terminó esa noche con disturbios que incluyeron la quema de cauchos y hasta, parcialmente, de un espacio de Mercal. Con atinado juicio, los jefes policiales trasladaron al sospechoso esa misma noche hasta Cumaná. Pero la protesta vecinal no cedió y, por el contrario, creció la mañana del jueves 28. Nuevos indignados se sumaron a los que habían hecho vigilia la noche anterior y añadieron su sitio a la Fiscalía y el Tribunal.

La solución que encontró alguna autoridad no identificada -o grupo de ellas, sin duda de altas investiduras- no pudo ser más salvaje y miserable: trajeron de nuevo a Luís Cortesía desde Cumaná, en pocas horas lo presentaron ante el Tribunal de Control, el fiscal lo imputó y el juez ordenó recluirlo en la cárcel pública de Carúpano, un antiguo comedor popular convertido en reclusorio penal y abarrotado de delincuentes de todas los grados y categorías. Al final de la tarde fue recluido el imputado en la cárcel, reseñado por los guardias carcelarios e introducido en la zona de los reclusos. A esa hora, todos los demandantes de “vindicta popular” se agolparon frente a la cárcel, exigiendo con gritos que se aplicara justicia expedita.

Los gritos de la turba fueron pronto silenciados por los espeluznantes alaridos que desde el interior del penal profería Luís Cortesía, objeto de un salvaje linchamiento, empalamiento, incineración en vida y posterior descuartizamiento, ante la inacción de los mismos carceleros que lo habían entregado a la frenética turbamulta de reclusos. Cada aullido del linchado era celebrado en la calle por la irascible multitud. Pero esto no fue todo: desde el interior del penal comenzaron a ser lanzados hacia la calle fragmentos calcinados del cuerpo, de nuevo incitando los bramidos de júbilo de la poblada justiciera. Al espacio carcelario desde donde fueron lanzados los fragmentos humanos no tienen acceso los presos, así que solo pudieron ser lanzados por funcionarios de prisiones, guardias nacionales o por ambos.

Excúsenme la crudeza, pero los restos calcinados de Luís Cortesía tuvieron que ser reunidos por los forenses para ser trasladados desde la cárcel: solamente el tronco salió en una camilla, sus extremidades cortadas en secciones y su cabeza fueron buscadas en la calle. La crónica del periodista Pablo Rivera, del diario local La Región (30-06-12, pág. 38), señala que “. muchas personas no salían del asombro por la manera sañosa como se acabó con la vida de Luís Cortesía, a la vez que un alto porcentaje se mostraba de acuerdo con lo ocurrido.” La curiosa conclusión del mismo reportero se inscribe en el repertorio del “ni-niísmo” venezolano, cuando escribe: “. hecho que debe servir como medida de reflexión a aquellas personas que en algún momento intenten violentar la intimidad de algún ciudadano, independientemente de su sexo, ya que tal acción se traducía en repudio y rechazo de la ciudadanía en general”.

Ajeno a todo “ni-niísmo”, este cronista suelta su propia conclusión, omitida por la prensa local: lo relatado no es otra cosa que una flagrante condena de muerte bajo la más espantosa tortura, violatoria de los derechos constitucionales a la vida, a la defensa, a la presunción de inocencia y al deber del Estado de proteger a todos las personas, aunque fueren delincuentes confesos. Y fue producida a conciencia por un (a) fiscal, un (a) juez, los jefes de la guardia nacional y los jefes y guardianes de la cárcel de Carúpano.

Yendo más allá, es impensable que la decisión de devolver a Luís Cortesía desde Cumaná, donde había sido puesto a buen resguardo por el CICPC, y recluirlo junto a los demás reclusos de Carúpano, pudiera ser tomada por una autoridad local o regional. Ahí hubo una decisión política que compromete a alguien de rango por lo menos ministerial y del primer nivel en la fiscalía general. Una instancia en la que se pensó: “vamos a entregarle este criminal a la turba que lo reclama, en la forma de ponerlo junto a los delincuentes comunes, que ya sabemos cómo actúan en estos casos; así apaciguamos las protestas y satisfacemos su morbo enardecido “.

¿Se va a quedar esta monstruosidad sin investigar. Existió responsabilidad de la ministra Iris Varela en la liberación anticipada de Luís Cortesía. ¿Existe alguna relación entre el rumor de que la min para las cárceles liberó indebidamente a Cortesía y la virtual condena a linchamiento? Son preguntas que van a quedar sin respuesta, pero igual las hacemos, porque algún día se podrán investigar.

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