ADVIENTO: TIEMPO DE ESPERANZA

Publicado en: Opinion

 

Al comenzar un nuevo Año Litúrgico, la Iglesia nos coloca en el umbral de la Navidad, en un clima de espera y de esperanza. Pero ¿Qué es lo que esperamos y a quien esperamos? Esperamos al Dios que vino, que viene y que vendrá. Vino. La historia del pueblo de Israel es la historia de un Dios que acompaña, se hace presente y precede en los acontecimientos históricos a su pueblo. La venida del Hijo de Dios en carne humana, hace veinte siglos, se enmarca en esta presencia de Dios en medio de su Pueblo y es su punto de máximo encuentro, de máxima convergencia donde el cielo se une a la tierra , lo divino a lo humano, la historia a la meta historia.. Pero ese mismo Hijo de Dios viene, esta aquí y ahora presente, en el corazón de los suyos, en la Eucaristía, en el pobre y en el que sufre y viene a nuestro encuentro en los acontecimientos de nuestra historia colectiva y personal. Vivir en sintonía con El es estar en vigilante espera, atentos a los “signos de los tiempos”. Sin embargo, ese mismo Jesús que piso el planeta tierra, hecho frágil y tierno niño, vendrá algún día en la gloria como Rey y Juez para implantar definitivamente su reinado de paz, justicia y amor. Y cuando esto suceda, S. Lucas nos invita a “levantarnos”, alzar nuestra cabeza porque se acerca nuestra liberación.

El Adviento es entonces un tiempo fuerte de encuentro y reencuentro entre Dios y los hombres. Hoy, el hombre, cansado, agobiado, frustrado e interiormente malherido por tantas promesas y mesianismos fallidos, vuelve la mirada hacia su interioridad buscando un sentido para su vida, su trabajo, su sufrimiento, pero a veces no encuentra si no el vacío, la soledad y la angustia. A todo esto se añaden doctrinas y mitologías de viejo cuño y nuevo ropaje que tratan de ahogar el genuino mensaje cristiano. Dios vino, viene y vendrá para quedarse. El es el Emmanuel, el Dios-con-nosotros. El Dios que se viste de carne humana en un acto supremo de confianza y afirmación del hombre. La vieja e incumplida aspiración del hombre retratada en el mito de Prometeo, se hace realidad por la iniciativa amorosa y  gratuita de  Dios: Dios se hace hombre, para que el hombre pueda ser Dios por participación. Cristo es el hombre para los demás. En el descubrimos nuestra verdadera y autentica identidad desfigurada por el pecado, pero ahora restaurada y finalizada a la meta del abrazo definitivo de Dios, Cuando Pilatos, burlándose, presento a Cristo, desfigurado por los golpes:”Ecce Homo”, no sospechaba siquiera que le estaba ofreciendo a la humanidad el sujeto de máxima ejemplaridad en toda la historia de la tierra.

El Adviento nos conduce a Cristo pero hay que “preparar el camino al Señor”, como dijo Juan el Bautista, desembarazándonos de ídolos, de oropeles y escombros que nos hunden en la mediocridad de una vida absurda y sin sentido. La Navidad es por lo tanto una nueva y reiterada invitación de Dios a acogerlo en nuestra vida, una nueva invitación a la esperanza de un futuro mejor y mas humano si tiene a Cristo como fundamento. Levantemos, pues de nuestra inercia, y alcemos la cabeza porque” se acerca nuestra liberación.”

Maria Useli

@scrivanella

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